Parece que los dineros sacados del negocio cochinil se han ido a otra parte, quizá a la especulación inmobiliaria o el consumo de lujo, sin capitalizar las industrias que proporcionaban los piensos o manufacturaban sus carnes. Algunos se habrán hecho ricos pero han dejado en la calle a cientos de trabajadores.
Todo esto huele muy mal y no sólo por el fato que exhalan los contaminantes purines, sino por la incapacidad y negligencia de empresarios, gestores y Administración para evitar esta debacle. Como siempre los responsables se irán de rositas y serán los currantes los que paguen el pato.













